El Behringer C-3 El micrófono que hacía demasiado ruido.

 Hay compras impulsivas, agresivas y destructivas.

Y después están esas compras que uno intenta justificar cuando ya es demasiado tarde, a lo que llamamos gustos culposos.

Esas compras que no pasan realmente por el cerebro. 

-Lo quiero!! 

Uno ve el objeto, lo imagina en sus manos. 

-Lo quiero!! Ya!!

De alguna manera, la decisión ya está tomada.

-Toma mi dinero!! Y quitate de mi camino!! 

 El Behringer C-3 fue una de esas. 

 

Aspecto fisico

La primera vez que vi el C-3 me enamoré.

Tenía algo.

Esa robustez que recuerda a un roble de mediana edad.

Un chasis  que semejaba un tanque de guerra, no por nada fue diseñado en Alemania.

Un peso que podría hundir a un submarino ruso de la época de la tormenta del desierto.

Una cantidad de interruptores arcaico/retro/Vintage que asemejan a los del transbordador espacial de los años 60s.

-Lo sé!! Soy un romántico!!

Y no particularmente elegante, pero con la sensación de que podría sobrevivir a tres guerras nucleares, una tras otra.

La pintura plateada opaca, como de plomo, que parecía no rendirse ante el tiempo, y que podría cubrirte en Chernobyl, si es que deseabas realizar un podcast por allí.

 

Características 

Entre su repertorio de opciones estaba:

  1. Cardioide.
  2. Omnidireccional.
  3. Figura ocho.
  4. Un pad de -10 dB.
  5. Filtro pasaaltos.
  6. Dos cápsulas distintas.
  7. Una montura plástica.
  8. Un anillo adaptador.
  9. Un simpático maletín transportador.
  10. Dos generosas bolsitas de sílica.

Y una pequeña luz LED roja que, por alguna razón, hacía que resaltara seriedad por todos lados.

Era un micrófono que parecía decir:

C-3: “Puedo hacer muchas cosas....”

Yo: Cuales?!!

C-3: Muchas!!

Yo: Vale!!

 

Costo $$

Y además no costaba la millonada. Entre $2000Mx y $3000Mx.

Mas o menos, para el mercado regular.

Poco para la cantidad de cosas que parecía ofrecer.

Incluso el nombre de la marca contribuía a la ilusión.

 

 Espectativas...

¡¡Behringer!!

No sé por qué, pero sonaba a una alabanza germana.

Recio.

Fuerte. 

Industrial.

Como si alguien hubiera construido el micrófono bajo un régimen dictatorial opresor obrero, y dijera:

-“Funcionará.”

-Toda la vida?!!

-“Funcionará y punto!!”

Y te lo crees.

Reseñas decían que era un modelo de los noventa. 

Doble cápsula, varios patrones polares, atenuación y filtro. Se puede pedir mas?!!

Una ganga.

Una proeza técnica.

Las mil maravillas hecha micrófono.

¿Qué podía “Malir Sal”?

 

Primer vistazo...

Pues... Ahí fué donde terminó la película.

Lo conecté con todo el entusiasmo del mundo.

En mi cabeza ya había corrido una simulación, otra vida; mi matrix auditiva particular.

Yo sería ese tío, que hace lives por Instagram, tik tok o conferencias por Zoom, con un mega micrófono a su lado, cuál loro de pirata caribeño.

Un streamer respetable.

Un invitado habitual en podcasts de mediano pelo.

Quizá hasta alguien me preguntaría qué micrófono estaba utilizando.

Y yo respondería tranquilamente:

—Un C-3. Por qué? Envidia?!!

—No... Wacala!!

Pero entonces apareció.

El sonido.

No el que estaba esperando.

El otro.

El que no quería ver ni oír.

ssssssssssssssssssssssss.

El C-3 tenía ruido.

Mucho ruido.

Ruido intrínseco.

Para el uso que yo imaginaba darle, era demasiado evidente.

En ese momento todos aquellos interruptores, las dos cápsulas, la pintura plateada y la pequeña luz roja dejaron de parecer características de un ganador del premio gordo de la lotería nacional.

Ahora parecían decoración alrededor de un problema.

Y yo lloré.

Primero poquito. 

Después más. 

Luego lloré amargamente. 

Lloré mas que otros días. 

Lloré.

Lloré por encima de mis posibilidades.

¡¡SobreLloré!!


 Manual de usuario...

Porque había cometido uno de los errores más sencillos que puede cometer alguien que compra equipo:

No leer con suficiente atención todas las especificaciones antes de comprarlo.

El ruido propio de un micrófono no es un detalle menor cuando quieres grabar fuentes relativamente silenciosas.

Y yo había comprado el C-3 enamorado de todo lo que podía hacer.

No había pensado suficientemente en cómo iba a sonar, según sus características técnicas.

Leer Manual... 


Investigué a posteriori.

Encontré historias de otros usuarios que tampoco habían quedado contentos con él.

Algunos habían terminado abandonándolo.

Incluso, usándolo directamente como un hermoso pisapapeles. 

Y entonces apareció la pregunta inevitable:

¿Por qué no compré otro?

¿Por el precio?

¿Por qué me gustó?

¿Por qué parecía una ganga?

¿Por qué mi yo comprador impulsivo había tomado la decisión antes que mi yo sonidista?

O tal vez... A lo mejor... ¿Por qué soy menudo masoquista de la era industrial/neocapitalista post modernista?...

Escucha Activa...

En algún momento pude haberlo guardado.

Venderlo.

Olvidarme de él.

Comprar otro micrófono y fingir que aquello nunca había ocurrido.

Pero hice algo menos sencillo.

Empecé a probar.

A mover cosas.

A cambiar la ganancia.

A escuchar qué ocurría cuando acercaba o alejaba la fuente.

A prestar atención a la grabadora.

A escuchar nuevamente.

Y otra vez.

Y otra.

No podía quitarle al micrófono aquello que formaba parte de él.

Pero podía aprender a trabajar alrededor de ello.

Eso cambió mi relación con el C-3.

Dejó de ser el micrófono que yo esperaba que fuera.

Empezó a ser el micrófono que realmente era.

Y esa diferencia, aunque parece pequeña, cambia bastante las cosas.

Porque cuando uno deja de preguntarse por qué un objeto no se comporta como imaginaba y comienza a preguntarse qué puede hacer realmente, empieza otra clase de escucha.

No mejor.

No peor.

Simplemente más atenta.

 

Valoraciones...

Con el tiempo conseguí obtener de él, un sonido un poco más limpio.

Un poco más aceptable.

No ocurrió ningún milagro.

El C-3 no despertó una mañana convertido en otro micrófono.

Simplemente aprendí a conocer sus límites.

Y quizá ahí estuvo la sorpresa.

Porque aquel micrófono que al principio me hizo pensar:

“¿Por qué demonios compré esto?”, terminó convirtiéndose en uno de mis micrófonos favoritos.

No porque fuera perfecto.

Precisamente porque no lo era.

Me obligó a escucharlo.

A escuchar mi grabadora.

A escuchar la ganancia.

A escuchar la distancia.

A escuchar el ruido.

Y, sobre todo, a escuchar antes de decidir que algo no sirve.

 

Apreciaciones...

Ahora miro aquel C-3 de otra manera.

Sigue siendo plateado.

Sigue teniendo sus interruptores.

Sigue teniendo aquella pequeña luz roja.

Y probablemente siga teniendo ese ruido.

Pero ahora forma parte de mi manera de trabajar.

Así que hay una posibilidad bastante real de que este micrófono termine acompañándome hasta el final.

No sé si será el mejor micrófono que haya tenido.

Ni siquiera sé si algún día compraré otro que me guste más.

Pero si algún día, alguien en el futuro, dentro de mi tumba, encuentra el C-3, leerá una pequeña inscripción en la carcasa de las de así:

“Probando, probando, probando...
uno, dos, tres...
uno, dos tres...”

Ahora. Ya enserio. 

Ni en esta, ni en mis próximas 200 vidas futuras, compraré algo de Behringer.

Ojalá ardan en el infierno!! 

Solo quería decir eso. Gracias!!

Mis Recomendaciones....

Por su presión sonora, o por su insensibilidad, puede usarse para sonidos muy fuertes, estruendosos, como baterías, explosiones o un silbatazo de tren x10.
Yo originalmente lo usé en un concierto Sinfónico, en la sección de trompeta, gong y percusiones fuertes, y me salvó de un apuro.

No usar espuma antipop, en lo personal, así desnudo recoge muy bien el sonido de la voz.

Usar la cápsula trasera en voces femeninas, y la delantera en masculinas. 

Comprar una montura nueva, la que viene de regalo, regularmente se rompe la primer descuido.

El omnidireccional, puro cuento chino, si pones un coro alrededor del micrófono, evita las secciones tapadas de la rejilla.

En el figura 8, la cápsula principal, tiene unos dos o tres decibeles más que el patrón cardioide.

En grabadoras como Zoom H4 original, Zoom H4n, Tascam dr40 y Tascam Dr60D-Mark-II, el ruido es de lo más latoso e insoportable. Solo en la Tascam DR-100MKII el ruido puede ser tratado dignamente.

Una solución que estoy por probar, es la bobina de Triton Audio, tiene varios modelos, según el caso, FetHead Phantom parece el más adecuado.



Atte. Raymundo de J. Silva Lin

(Alias Raychan Lin)

(Operador de boom, boom operator, sonidista, sonido directo, field recording y paisajista sonoro).
 

Comentarios